A poco más de 4 meses de las 24 Horas en Punto, vamos a ir publicando con cierta regularidad un compilatorio de recomendaciones que serán de mucha ayuda para corredores que quieran aventurarse en alguna de las modalidades de nuestra prueba. Son extractos del libro “De 42 km a 24 Horas. Sorteando tus límites”, escrito por Carlos Aguado, de quien tenemos la oportuna autorización para su publicación.

A quienes no han corrido nunca o lo han hecho en contadas ocasiones, tendría que advertirles que el momento más desagradable de correr se da en los primeros minutos. Arrancamos del reposo a la actividad y eso siempre cuesta. Los músculos necesitan adquirir su temperatura de trabajo óptima y los latidos cardiacos aumentan para distribuir más sangre oxigenada a los músculos. El organismo necesita más energía para distribuir el oxígeno más rápido, las células comienzan a descomponer el glucógeno y a utilizar la glucosa presente en la sangre; todo este proceso comienza a liberar ácido láctico, que es el responsable de sentir calor y ardor de nuestros músculos, de que comencemos a tener sensación de pesadez y debilidad. Esta molestia dura solo unos minutos, hasta que todo el sistema comienza a equilibrarse y adaptarse a la actividad, pero solo en quienes estén un poco entrenados.

Si tenemos o hemos tenido un entrenamiento coherente, una vez que los sistemas corporales se activan las “malas” sensaciones desaparecen y comenzamos a disfrutar del acto de correr. Habrá momentos incluso es que nuestras percepciones serán tan placenteras que nos sentiremos con el poder de seguir corriendo sin parar de forma permanente, pero es solo una quimera, dependiendo de nuestra preparación física y la intensidad del ejercicio llega un momento donde nuestro cuerpo comienza a dar signos de agotamiento. Es natural y ese momento se puede ir retrasando paulatinamente con buen entrenamiento y el adecuado descanso. El descanso es necesario y fundamental para el desarrollo de la resistencia. Entrenar sin apenas descansar se puede traducir precisamente en el objetivo contrario al que buscamos; cansancio constante, fatiga muscular, desmotivación e incluso dejar de progresar. Es lo que se conoce como padecer “sobreentrenamiento”.

El principio de todo entrenamiento, sea cual fuere el mismo, es someter al organismo a una carga para la que no está suficientemente preparado, haciendo que éste se agote o se acerque al agotamiento. La reacción natural del cuerpo será realizar las adaptaciones necesarias para soportar la siguiente carga. Para hacer estas adaptaciones el cuerpo necesita energía, mucha energía. Si estamos utilizando ésta en realizar más entrenamiento no le damos la oportunidad para proceder a esas adaptaciones. En el periodo de sueño, además, es cuando se establecen los equilibrios hormonales de nuestro organismo, por la misma causa que lo anterior, es cuando menor consumo energético realizamos y está disponible para otros menesteres. La recarga de energía con el sueño es algo que todos hemos experimentado. El reposo no solo obra estos milagros, sino que nos recupera de enfermedades que han debilitado nuestro organismo. Es un hecho demostrado que más vale estar descansado en exceso que entrenado en exceso. Tampoco es lo mismo hablar de descanso que de inactividad. Nuestro cuerpo es un complejo sistema que invierte mucha energía en mantener cualidades como la fuerza o la resistencia, y como hemos dicho la invierte para evitar que lo llevemos al agotamiento. Ahora bien, si mantenemos una inactividad prolongada –De dos o más semanas, dependiendo de la persona y su nivel- nuestro cuerpo dejará de emplear energía en mantener unas condiciones físicas que no le son requeridas, perdiendo o reduciendo éstas de forma drástica, primero la potencia y luego la resistencia. Todos hemos experimentado como tras un mes de inactividad hemos tenido que empezar casi desde cero nuestra preparación; aunque con una ventaja, nuestros músculos tienen “memoria” y la forma se recupera con más prontitud que si empezásemos desde el principio.

Para quien viene de correr un maratón muchos de estos conceptos no le son ajenos y habrá experimentado en él mismo muchos de ellos. El verdadero obstáculo para siquiera pensar en adentrarse en las pruebas de ultradistancia no se encuentra en el dominio o conocimiento de las materias expuestas hasta este momento, el verdadero freno se encuentra en la cabeza, en la psique. Al igual que para quien lleva una vida sedentaria correr 5 kilómetros es toda una proeza, porque tiende a extrapolar sus sensaciones cuando corre veinte metros para tomar el autobús a estar así durante los cinco mil metros; para quien ha corrido un maratón y piensa en una prueba de 24 horas proyectando su experiencia y sensaciones a encontrarse durante todo un día sufriéndolas. Pero este proceso de extrapolación es solo un mecanismo de defensa de nuestra mente, un prejuicio como muchos otros de los que tenemos.

“De 42 km a 24 Horas. Sorteando tus límites”
Copyright © 2017 Carlos Aguado
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ISBN-13: 9781521836644