Una de las desventajas de entrenar ultradistancia en grupo es que siempre hay alguien que rueda a un ritmo inapropiado; bien por exceso o por defecto.

Al margen del plan de entrenamientos que lleve cada uno, todos cuantos conozco contemplan un día dedicado a una sesión larga de rodaje, donde su duración o kilometraje vendrán dados por la distancia de la prueba que se esté preparando. Es en esta sesión de entrenamiento donde debemos poner en práctica el ritmo que llevaremos el día de la prueba. Ese ritmo, que denomino apropiado para pruebas ultras, debe ser aquél que seamos capaces de mantener de manera cómoda. La dureza de la carrera nos obligará a reducirlo, casi con total seguridad, o incluso a caminar en muchos tramos, pero durante el tiempo que se esté corriendo es absurdo derrochar energías rodando a ritmos que se antojan elevados. El ritmo cómodo uno lo percibe enseguida, podemos hablar sin problemas y nos sentimos bien, la respiración apenas se encuentra alterada y tenemos la percepción de que podríamos estar así durante muchas horas; la realidad luego será distinta, pero nos sirve para ilustrar el ritmo que debemos buscar. Pero nos será complicado encontrar ese ritmo apropiado si antes no lo hemos entrenado, incorporándolo a nuestra rutina. Hacerlo así propiciará que nuestro cerebro se encargue de adoptarlo sin que nos percibamos de ello. Si nuestra costumbre cuando hacemos entrenos largos es rodar a 5 minutos por kilómetro, ésa será la cadencia que intente adoptar nuestro cerebro; si lo acostumbramos a 6 minutos por kilómetro adoptará ésta.

Las series, los cambios de ritmo, fartlek… deben formar parte de nuestras rutinas de entrenamiento, su finalidad es que podamos soportar mejor y durante más tiempo la velocidad apropiada sin que nos fatiguemos, ya que nuestro corazón estará mejor acondicionado y nuestro organismo será capaz de gestionar con mayor eficiencia el lactato que producen nuestros músculos. Ahora bien, también nuestra curiosidad y nuestro sentido común deben estar aquí de nuestra parte. La curiosidad de probar cómo te sientan las series. Series de 400 metros si las haces en pista, o de 1 km si tienes una ruta marcada. Prueba a hacerlas, no más de un día a la semana, con eso será suficiente. Insiste en hacerlas, la primera sesión siempre será “dolorosa”. En la primera te sentirás espléndido, en la segunda algo menos, en la tercera te sentirás cansado, en la cuarta agónico y en la quinta quizá maldigas. Pero así son las series, debes asumirlo. Si te reportan beneficios y te sientes bien haciéndolas, adelante. Si te agotan, te lesionan, si no te gustan… ¿para qué seguir con ellas?

Vuelve a utilizar tu curiosidad y prueba los cambios de ritmo. Utiliza una de tus rutas habituales de entrenamiento, cuando ya hayas corrido durante unos pocos kilómetros y percibas que tu organismo se encuentra acondicionado y tus músculos a la temperatura idónea, acelera tu ritmo durante unos 500 metros y otros tantos desacelera para recobrar energía. Repite esta rutina cuatro o cinco veces, luego trota unos minutos. En este método de entrenamiento observarás un detalle que a mí personalmente me llamó mucho la atención y es muy interesante. En el primer cambio de ritmo notarás una diferencia considerable entre el más rápido y el de recuperación, pero a medida que las repites en la misma sesión esa diferencia se reduce bastante, y no tanto porque bajes tu velocidad en el tramo rápido como porque el periodo destinado a la recuperación ha aumentado; en suma, la cadencia de carrera tiende a uniformarse en ambos lapsos. Y es que el ritmo apropiado, en el que nos encontramos cómodos corriendo, es algo subjetivo… y cambiante. Nuestras sensaciones nada más comenzar a correr no son las mismas que podríamos tener a la media hora de esfuerzo, ni son las mismas con 10 grados de temperatura que con cuarenta grados. Nuestro ritmo cómodo varía según múltiples condicionantes; no es el mismo cuando estamos hidratados que cuando comenzamos a percibir síntomas de deshidratación, ni es el mismo a mitad de carrera que cuando divisamos a lo lejos la línea de llegada. Son muchos los factores que influyen para que llevemos un ritmo cómodo y apropiado, de ahí que no debemos empeñarnos en adoptar uno previamente estipulado. Hay quienes llaman a esta estrategia correr por sensaciones.

Existen muchos corredores que en pruebas ultras se marcan como objetivo adoptar un ritmo más o menos constante con el fin de alcanzar una marca determinada. Para mí es un tremendo error que suele pagarse, en la mayoría de los casos, con un agotamiento prematuro que tira por tierra nuestra meta marcada y la vuelve inalcanzable. Debemos controlar esa cadencia apropiada en base a las sensaciones del momento, en jerga de corredores “ir de menos a más”, donde el ritmo de carrera lo marcará más el músculo cardiaco que los minutos por kilómetro. Hay quien se ayuda del pulsómetro para llevar controlado este ritmo, pero con la práctica se vuelve innecesario y casi instintivo.

 

“De 42 km a 24 Horas. Sorteando tus límites”
Copyright © 2017 Carlos Aguado
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ISBN-13: 9781521836644