Podríamos decir que la motivación es el músculo más fuerte del cuerpo, y al igual que asumimos que la musculatura debemos entrenarla para que se vuelva más eficiente, debemos comprender y convencernos que la motivación requiere entrenamiento, buscando alicientes continuos que nos permitan superarnos. La motivación es una de las variables más importantes al realizar cualquier actividad, ya que orienta y dirige la acción, logrando que ésta sea más intensa y eficiente en su cometido. Al fin es una cuestión de energía y la atención puesta en un objetivo concreto consigue que toda la energía disponible se destine a conseguirlo. Existen muchas sustancias en nuestro organismo que están constantemente supervisando y manteniendo todos los sistemas en funcionamiento. El modo en que interactúan afecta a nuestras emociones y al nivel de motivación. La química está presente en el ámbito de las relaciones afectivas, pero también es la causa de todos nuestros estados de ánimo, las sensaciones de placer o de dolor y de la capacidad de pensar o de recordar lo vivido.  Así, la presencia o ausencia de una sustancia química en nuestro organismo, puede ser el detonante de nuestros estados de alegría o tristeza, de euforia o depresión, de nuestro optimismo o pesimismo…

 

La mente es una red que conecta la mayoría de las células. Las técnicas de entrenamiento mental emplean este poderoso sistema para enviar mensajes positivos. Esta simple acción estimula la producción de hormonas con un efecto muy positivo en el organismo; placer y motivación (dopamina), aliviar el estado de ánimo (serotonina) y producir felicidad (endorfina). Al sentirnos felices por encontrarnos a punto de pasar bajo el arco de nuestra meta soñada experimentamos una liberación de endorfinas que nos hace sentir que aún podemos más, como si hubiéramos recibido una inyección de energía.

He visto y seguido de cerca la evolución que tienen los participantes a lo largo del trascurso de las horas de carrera y si tuviéramos que dibujar un perfil de su estado durante este día de esfuerzo nos saldría un perfil aserrado, tanto el relativo a su energía como el relativo a su estado de ánimo, encontrándose los puntos más álgidos en el principio y el final de la competición. Entre ambos momentos, se encuentra quien es nuestro mejor aliado y a la vez nuestro mayor enemigo para la obtención de nuestro premio. Hablamos de nuestra mente, muy racional, más aún en momentos de esfuerzo y sufrimiento. En este momento me vas a permitir hacer un inciso para explicar un concepto que no siempre tenemos claro y que tiene que ver con la credibilidad que le damos a nuestros procesos mentales.

Nuestra mente tiene la capacidad de razonar, pero también tiene la capacidad de racionalizar, que no es otra cosa que un mecanismo de defensa para justificar nuestras acciones, pensamientos, sentimientos y conductas. Me podrás decir qué tiene que ver la facultad de racionalizar de nuestra mente con una carrera de fondo. Tiene que ver mucho. Nuestra mente va a intentar en varias ocasiones durante el transcurso de la carrera utilizar esta estratagema para que optes por la retirada, además con dignidad. Es decir, te va a elaborar la coartada para que abandones convencido que es la opción más inteligente y que te sobran motivos para ello. Conviene estar alerta, nuestra mente nos conoce bien y sabe de nuestras debilidades. No hay que dejar que nos hable en esos momentos, hay que acallarla, solo así nos libraremos de sus falacias.

Es fundamental mantener distraída a la mente, para ello podemos motivarnos cada cierto tiempo o distancia, con pequeñas recompensas, como si se tratara de pequeñas carreras por las que luchamos por un premio. Estas recompensas, bien pueden ser en forma de alimentos o bebidas o un ligero estiramiento.

Debemos poner nuestra mente al servicio de nuestra motivación para que no intente sabotearla. Hemos dicho que nuestra mente es muy racional y con argumentos racionales debemos convencerla. Un día entero corriendo también son 24 horas corriendo, y una hora de esfuerzo sí entra en sus esquemas cotidianos si tenemos una rutina de entrenamiento detrás. Dividamos pues la carrera en porciones que sean asumibles por nuestra mente y no dejar que en esa hora entren pensamientos de horas por venir; si acaso de horas ya pasadas para reforzar nuestra motivación. Pensamientos como “acabo de batir mi record de kilómetros jamás corridos” “es la primera vez que estoy diez horas seguidas corriendo”, en una prueba de 24 horas puedes batir muchos de tus propios records.

Pero la motivación hay que prepararla con anterioridad al día de la prueba. Una buena forma de despertarla es simplemente decidiendo dar el paso e inscribirse en una competición de larga distancia que siempre hayamos querido correr y nunca nos hemos atrevido. Debes tener entre tres y cuatro meses de margen para poder prepararla en condiciones, suponiendo que nunca hayas entrenado de forma específica para ello, pero seas un corredor habitual. Ya este sencillo acto va a conseguir que se despierte en ti esa motivación. Una buena práctica posterior para reforzarla es apoyarte en libros que te inspiren, en frases o momentos de logros importantes para ti; los videos de motivación tienen un efecto de sugestión muy poderoso para este refuerzo, así como ver fotografías o videos de la prueba que pretendes realizar.

La motivación es una fuerza en sí misma y resulta esencial para afrontar cualquier actividad. Hay que vigilar el entrenamiento, realizar más de lo que nuestro cuerpo resiste es un potente desmotivador, ya que la excesiva fatiga y cansancio nos hará abdicar. Es importante elegir el ritmo que más te motive a seguir entrenando, aquel en que notes progresos, más pensando en las distancias recorridas que en los tiempos empleados en realizarlas. Llevar un registro de nuestros progresos, de la distancia recorrida, del tiempo empleado, del peso, de la fuerza… todo esto ayuda bastante a no perder de vista nuestro objetivo. Si eres de actividad variada y piensas que puede aburrirte dedicar tu tiempo solo a correr, alterna correr con gimnasio, bicicleta, senderismo… Así, no sólo trabajarás de forma distinta, sino que la variedad mantendrá tu motivación.

Dispositivos que te asistan al correr, como reloj gps, zapatillas y vestimenta que te gusten, pueden producir un efecto psicológico muy estimulante para vencer los momentos de pereza que siempre aparecen en algún momento. Si te gusta correr acompañado, hazlo. Correr junto a otras personas es un gran recurso para afianzar la motivación y abre la posibilidad de cosechar amistades. Aunque tampoco desaproveches los momentos de correr en solitario, ofrece muchas ventajas. No solo puedes entrenar dónde, cómo y cuándo quieras; sino que te acostumbrarás a esa soledad que es consustancial al corredor de fondo, te enfrentarás a tus pensamientos y emociones; sentirás tu respiración, los latidos de tu corazón, la brisa, el calor… de una manera completamente diferente a cuando se trota en grupo.

Vive los entrenamientos como algo épico. Proyéctate a una carrera que tengas en mente, o que te parezca inalcanzable, y visualízate compitiendo en la misma. Tampoco hace falta que sea una carrera, puede ser cualquier gesta épica, como cruzar el desierto si hace calor, o la estepa siberiana si hace frío, o trotar por la pampa rodeado de caballos salvajes… todo vale, y la imaginación es muy poderosa.

Tendremos días en que no estaremos tan finos como otros y no realicemos sesiones satisfactorias. Somos humanos y esas sensaciones son humanas. No debemos flagelarnos por ello y sí fijarnos en los pequeños aspectos que hacen que mantengamos intacta nuestra motivación, son muchos y variados, cada persona puede tener otros, pero podemos mostrar algunos.

Busca entrenar en condiciones favorables y por terrenos lo más variados posibles. Huye de realizar siempre los mismos circuitos. Una propuesta es disponer de varias opciones, con trazado y distancias distintas, y dependiendo de la climatología, el ánimo, la hora, optes por realizar el más apropiado.

Márcate pequeñas metas que se puedan conseguir en un corto periodo de tiempo, para ir viendo resultados, aparte de esa meta principal que se puede fijar a más largo plazo.

Piensa también en las dificultades que pueden surgir de cara a estar preparados para afrontarlas, pasarán a suponer meros contratiempos en vez de dificultades, y sobre todo evitarán el desánimo cuando aparezcan.

Que la motivación no se convierta en obsesión, podría llegar a ser perjudicial. Es conveniente buscar actividades que ayuden a desconectar, sin que lleguen a perjudicar la consecución de tu objetivo; leer, salir con los amigos, dedicar tiempo a la familia… ayudarán a que rindas mejor.

Acompaña con música adecuada tu entrenamiento, que sea música agradable a tus gustos y preferencias. La música tiene la virtud de hacernos rendir más y tener más deseos de esforzarnos mientras entrenamos. Si no tienes preferencias, la música épica tiene un efecto asombroso sobre la motivación.

Visualízate con cambios, es decir imagínate con todos los efectos positivos que pretendes lograr con el entrenamiento. Por ejemplo: imagínate corriendo decenas de kilómetros sin parar y sin fatiga.

La visualización es una técnica poderosa, utilizada por muchas de las personas más exitosas del planeta. La mente humana llega a procesar miles de imágenes más rápido que cualquier otra forma de estímulo, hasta el punto que si te visualizas completando una tarea o meta diaria, tu organismo responde automáticamente, más efectivo, más motivado, con más energía y determinación para lograrlo en menor tiempo. La motivación es un estado interno de entusiasmo unido a la certeza.

Difiere y aplaza en el tiempo la consecución de deseos que tengas. Comienza por pequeños caprichos que te quieras dar. Por ejemplo, si te apetece una cerveza bien fría cuando termines una dura sesión de entrenamiento, aplázala hasta que estires, te duches, comas algo, anotes los datos de tu entrenamiento… y después te la tomas saboreando el premio y recordando el momento en que la deseaste. Ve poco a poco haciéndolo con otros deseos, o alargando el momento de satisfacerlos. Esta práctica entrena mucho nuestra fuerza de voluntad y reprograma nuestro cerebro para estar preparado a que todo esfuerzo tiene su recompensa, aunque tarde en llegar, como ocurre en las pruebas ultras.

“De 42 km a 24 Horas. Sorteando tus límites”
Copyright © 2017 Carlos Aguado
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ISBN-13: 9781521836644